jueves, 28 de noviembre de 2013

Mix Jockeys

El mundo de la grabación de audio es lo más fascinante y misterioso. Desde que empecé en esto de la música siempre es lo que más me ha interesado y ahora mismo estamos viviendo una época dorada para la grabación en todo el mundo.

Un poco de historia. Hasta más o menos el año 2000, la grabación profesional de audio era dominio exclusivo de los dioses del Olympo, gente con el dinero suficiente para alquilar un estudio o el equipo de grabación. Esto había sido así desde la introducción de la grabación en cinta en los años 50 del siglo pasado (de la prehistoria de grabación directamente en disco de cera ni hablamos). Se lo podían permitir las discográficas y nombres consagrados. Las pequeñas bandas podían grabar en estudios más pequeños con menos medios y conseguir sonar semi-profesionales.

La revolución llegó más o menos en la década pasada cuando los secuenciadores MIDI incorporaron la posibilidad de grabación de audio digital, naciendo el concepto DAW (Digital Audio Workstation). Y desde entonces no ha habido vuelta atrás.

Hoy en día Pro Tools es el estandar de la grabación  universalmente aceptado, y a diferencia de la 24 pistas de dos pulgadas que costaba millones, hoy todo el mundo se puede permitir tener un Pro Tools (o Logic Audio, o Ableton o Cubase, etc) que como mínimo permite 64 pistas de audio en calidad de CD como mínimo. Incluso se puede grabar en el smartphone con calidad de estudio. Los plug ins de efectos surgieron a mitad de la década pasada a medida que aumentaba la potencia de los ordenadores, con lo que cualquiera tiene a su alcance (gratis si se lo propone) más herramientas que las que tenía un estudio comercial en los años 90 (no digamos en los 60).

Esta revolución no solo ha supuesto cambios en la forma de grabar (donde, cómo, cuándo), sino en la forma misma de hacer música. Como antes el tiempo de estudio era caro, había que llevar las canciones perfectas y había que saber tocar. Ahora gente que no sabe realmente tocar o cantar suena bien, porque no solo se graba audio. Se trocea, se estira, se moldea como plastilina, se corrige y se coloca donde se quiere. Lo que antes suponía horas de ensayo de la banda para captar en el estudio una buena interpretación, ahora supone horas de alguien que se pone a los mandos del DAW y consigue sacar de una interpretación mediocre música coherente.

Y ahí está la clave del asunto. Las bandas y los cantantes saben esto, así que se esfuerzan menos. Por eso gente como Dave Grohl ha hecho bandera del antiguo enfoque de grabación y ha grabado su último disco en cinta y repitiendo las cosas hasta que salen. Pero eso no es lo habitual. Lo habitual es que el peso esté en quien mezcla las 100-200 pistas de un tema promedio hoy en día.

De hecho, ya no se trata de mezclar como antaño. Se trata de interpretar, y hay pocos que lo hagan realmente bien. Una cosa es tener acceso a las herramientas, otra muy diferente es saber usarlas para conseguir que 120 pistas de audio inconexas de guitarras, bajos, percusiones, baterías sin ritmo y voces desafinadas suenen como un disco.

Gente como Dave Pensado, Manny Marroquim, Joe Chicarelli, Andy Wallace, Chris Lord-Algee, Tony Maserati , Jack Joseph-Puig o Eddie Kramer que vienen de grabar en los viejos tiempos, son quienes han marcado el camino a la nueva generación que trabaja con ordenadores. Comparten sus conocimientos online con generosidad, enseñan sus trucos y hacen parecer fácil lo difícil, a la vez que demuestran que la mejor tecnología de la que disponen no es ni software ni hardware. Son sus oídos, su buen gusto y su talento. Ellos son las rockstars en la sombra.

Os dejo un video de Dave Pensado compartiendo su sabiduría.