Según yo lo veo, es una unión de cosas lo que lleva a ese momento especial .
La música tiene que gustarte, por supuesto, es preferible que la hayas escuchado previamente y que la conozcas. Así es como aprecias lo que está pasando en el escenario, escuchas las diferencias entre directo y disco, sabes si suena contundente, etc.
Hay que estar cerca del escenario. Ahí es donde ves cómo interactuan los músicos, sus complicidades, su backline, los instrumentos, casi casi ves las puas que usan. Es cuando asistes a momentos únicos (se rompe una cuerda, se olvidan de un trozo de canción pero salen adelante,...). Si estás lejos, y estás fijándote casi más en la pantalla (si la hay) que en la realidad, podrías estar en tu casa viendo un DVD de un directo. Otra cosa es que el ambiente sea bueno, el sitio sea chulo, haya gente guay y estés tomandote unas copas, pero si estás lejos del escenario, es una fiesta con música.
Tiene que coincidir que no se te ponga delante un equipo de baloncesto, que pasa. Entonces no lo pasas bien porque te taparán la visión y el sonido. Y para estar delante disfrutando de todo, tienes que haber meado todo lo que llevas dentro, y no beber más que sorbos de una botellita de agua para evitar la deshidratación. Si te entran ganas, lo pasas realmente mal.
Si ya es alguien a quien admiras desde hace años y se dan todas las circunstancias, el concierto será un momento perfecto. A mí me ocurrió viendo a Elvis Costello en el festival Jazzaldia en San Sebastian, verano 2010. El escenario era más pequeño que los de las fiestas de mi pueblo, el lugar en el casco antiguo de Donostia, inigualable. Recogido, pintoresco, especial.
Estábamos a unos pocos metros de Elvis, con lo que no perdí detalle. Y tocó todas las canciones que quería oir y más, impresionandome con cada una. Su voz es simplemente apabullante. Hizo lo que quiso con ella, estirandola, subiendo, bajando, rasgando, susurrando...le salía todo, sin trampa ni cartón. Y a la vez me impresionó cómo tocaba ese hombre la guitarra. Siempre había pensado que rasgueaba bastante rudimentariamente, y allí vi que no. A la vez que cantaba, podía estar haciendo un arpegio imposible, o marcarse solos mirando al público tranquilamente sin fallar una nota, nada de shoegaze (mejor guitargaze, a-ver-será-esta-la-nota-que-hay-que-tocar).
Y para hacerlo más perfecto, de "telonero" (más bien cartel doble) fue Kris Kristofferson, del que no había escuchado nada, pero que desde aquella noche tiene mi respeto eterno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario