sábado, 5 de enero de 2013

Tame Impala, Lonerism, o por qué Kevin Parker es tan grande

En justicia, después de escuchar el disco muchas veces seguido (algo raro en estos tiempos de canciones sueltas a 99 centimos), tenía que escribir otra entrada sobre este Lonerism.

Todos los años me pregunto qué música nueva descubriré, cuál será la canción o el disco que no paras de escuchar. Hay años que no escucho nada en absoluto que me llegue. Este año el mismo 1 de enero ya he cubierto la cuota. En Lonerism hay Música con mayúsculas.

Es un disco redondo. No hay peros que ponerle. Fluye de principio a fin y no puedes parar de escucharlo. Es mágico, hipnótico. En la anterior entrada lo he comparado con los Beatles, porque de hecho es lo que hace todo el mundo, y es una comparación legítima. La influencia está ahí, a la vista de todos, no la esconde en ningún momento y hace muy bien. Toca con el bajo Hofner, y lo pone en la contraportada, suena como Lennon al cantar y además usa todos los efectos para sonar aún más parecido (eco de cinta, etc). Hay temas como "Feels Like We Only Go Backwards" que realmente tiene que ser la mejor canción de John Lennon desde 1971.

Pero es que Kevin Parker no se para ahí. No se contenta con tener una gran canción, con una gran estrofa y un estribillo coreable. No. Desarrolla los temas casi como un compositor de música clásica, y te hace viajar por paisajes sonoros y claves musicales para llevarte de nuevo de vuelta al principio con una maestría apabullante.

Decía que quizá le hacían falta melodías al disco pero no es así. Tiene melodías por todos los lados. Melodías que se te quedan grabadas.

La producción es vintage sí, pero de una manera futurista, si eso tiene sentido. La manera en que combina la batería y bajo 60s con sonidos de guitarra de los 70 y sintetizadores de los 80 es alucinante. Mark Ronson en su Record Collection ya apuntaba esa dirección, pero Parker la lleva mucho más allá, y con éxito. Es como si a Revolver le pones las guitarras de David Gilmour y luego esperas a los 80 para que Vangelis grabe los sintetizadores y pones a Phil Spector a producirlo todo. Así de bueno es.

Y lo mejor de todo es que estos sonidos que estaban a la vanguardia de la música en los 60, 70 y 80 y que requerían meses de carísimo tiempo de estudio y equipos de productores e ingenieros, ahora los puede hacer un chico de 25 años en su habitación con un mac para hablar sobre soledad.

Por encima de propuestas pretenciosas y aburridas, como el soporífero Coexist de The XX, este disco es sin duda el mejor de 2012. Bien por NME por dejarlo claro.






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