La producción es claramente psicodélica, y muy buena. También hay la ración de sintetizadores analógicos, pero integrados en el conjunto para sonar vintage.
En pocas palabras, lo definiría como el disco que John Lennon hubiera grabado en 1967-1968 si hubiera abandonado a los Beatles en 1966, con todas sus virtudes y todos sus defectos. Y me explico. Imaginemos por un momento que Lennon le echa agallas en 1966 y hace lo que quería hacer, dejar a Macca y a los Beatles y grabar por su cuenta. Habría grabado un disco con Strawberry Fields, la mitad de A Day in the Life, Lucy in the Sky with Diamonds, I am the Walrus y otras canciones que habría compuesto para completar las 12 de su album. Un gran album, ¿verdad? Sí, sería un gran disco. Eso es este Lonerism. Un gran disco. Mola mucho, como habría molado el hipotético disco de Lennon en solitario. Pero no le llegaría a la suela de los zapatos a Revolver ni a Sgt. Pepper. ¿Por qué?
Porque cansa. Son 12 canciones flotando en el hiperespacio psicodélico. Genial, porque son buenos temas, la producción es perfecta, las progresiones de acordes frescas, los arreglos eficaces. Pero después de tres canciones así, regresar a la tierra con un tema de pop puro con una melodía increible es lo que te pide el cuerpo. Al menos a mí. Y por eso los Beatles eran los más grandes. Porque después de Strawberry Fields escuchabas Penny Lane, porque si en Revolver había un Tomorrow Never Knows, había un Eleanor Rigby, tan grande en su estilo como la de Lennon. Paul tenía a John para subirlo a los cielos psicodélicos, y John tenía a Paul para bajarlo a la campiña inglesa (o al Londres de Dickens y Jack el destripador).
En cualquier caso es un disco que supera a la media de muy largo, y Tame Impala un grupo que merece la pena descubrir. Si Lennon hubiera tenido Pro Tools lo habría hecho tal cual.
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